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La fiebre de las fotovoltaicas: todo vale en nombre de la sostenibilidad

By 05/02/2021 No Comments

En las últimas semanas, día sí día no, nos despertamos con el anuncio por parte de la prensa de un nuevo proyecto de central fotovoltaica en el término de Villena o en el de nuestros municipios vecinos. En un terreno allanado por la Generalitat, que facilitó a mediados del año pasado los trámites necesarios para la instalación de este tipo de plantas de producción de energía, los proyectos surgen como setas, sobrepasando la capacidad de gestión de los técnicos locales y autonómicos; y, casi más importante, la posibilidad de respuesta por parte de la sociedad civil.

Hace unos días, el Instituto Cartográfico Valenciano hacía pública una capa de información que representaba las áreas afectadas por solicitudes de instalaciones fotovoltaicas de las que la Conselleria de Política Territorial tenía conocimiento al haber recaído en este organismo autonómico en su proceso de tramitación. Entre esas áreas sobre las que planea la intención de construir plantas fotovoltaicas, que no son ni de lejos todas de las que tenemos noticia, encontramos dos grandes agrupaciones, por un lado, en la comarca del Valle de Cofrentes y Ayora y, por el otro, en el Alto y Medio Vinalopó, particularmente en los términos municipales de Villena, Salinas y Elda.

Considero que lo más correcto por mi parte sería empezar siendo honesto con quienes estáis leyendo esto: no me siento con los conocimientos suficientes como para valorar la idoneidad de estas plantas fotovoltaicas en materia de energía; probablemente otras personas puedan hacerlo mejor que yo y estoy seguro de que habrán posicionamientos a favor y en contra.

Sin embargo, lo que sí creo que estoy capacitado para hacer, y esa es mi intención con este artículo, es para posicionarme absolutamente en contra de este boom de instalaciones desde el punto del vista de la conservación del paisaje y de la biodiversidad. Además, vais a permitirme que desconfíe también en términos económicos de cualquier ‘fiebre del oro’, como la definía hace unas semanas el concejal competente en la materia en una entrevista para Alicante Plaza: los pelotazos, las burbujas y otros sinsentidos especulativos solo han traído destrucción para nuestro territorio y para buena parte de las personas que lo habitamos.

Fig 1. Parcelas afectadas por las plantas fotovoltaicas en la comarca del Alto Vinalopó (elaboración propia)

Las instalaciones fotovoltaicas que hay planteadas en Villena según esta capa de información que nos ofrece el Cartográfico, que, repito, podrían no ser las únicas, principalmente se aglutinan en dos entornos de nuestro término municipal: en las inmediaciones de la Encina y en la falda este de la sierra de Salinas, en una gran extensión que abarca desde esta formación montañosa hasta la colonia de Santa Eulalia. Se trata de una superficie de alrededor de 1.350 hectáreas (el 4% del término municipal) situadas sobre unos terrenos tremendamente valiosos en términos ambientales y muy particulares en lo que se refiere a la identidad del paisaje local.

Por nombrar sólo algunos de los espacios de alto valor ecológico y paisajístico que, de llevarse a cabo la instalación de todas estas plantas, quedarían absolutamente debastados encontramos: el Lugar de Interés Comunitario y la Zona de Especial Protección para las Aves de la sierra de Salinas, un espacio natural protegido por la europea Directiva Hábitat que incluye la totalidad de la sierra y se extiende hacia los cabezos de Carboneras y Terlinques. En este espacio se incluyen ecosistemas únicos como el arenal del barranco del Búho (una formación dunar poblada de pinos piñoneros) o los que forman los distintos endemismos de especies vegetales que crecen en las afloraciones yesíferas.

Fig 2. Arenal del barranco del Búho (izq.) y cabezos de la Tolba con la sierra de Salinas al fondo (der.) (Fuente: Estudio de Paisaje Villena)
Fig 3. Parcelas afectadas por la instalación de plantas fotovoltaicas en el entorno de sierra de Salinas – Cabezos – Santa Eulalia (elaboración propia)

De igual manera, las estepas cerealísticas del entorno de la Encina, hábitat de rapaces como el cernícalo primilla, verían reducida su superficie en más de 150 hectáreas. Este espacio, además, está catalogado como Paisaje de Relevancia Regional según la Estrategia Territorial de la Comunitat Valenciana.

Las condiciones en que se está produciendo este boom en Villena, como ocurre en buena parte del territorio español, han sido denunciadas recientemente por un nutrido grupo de investigadores del campo de la ecología: estas nuevas instalaciones tratan de ubicarse en zonas agrícolas percibidas por la población como marginales, en las que el precio del suelo es relativamente bajo; pero lo cierto es que muchas de ellas conforman ecosistemas únicos y necesarios para el mantenimiento de la biodiversidad, como de hecho ocurre en nuestro caso.

No existe, además, una proporción en términos de tamaño o potencia con el municipio en que se ubican. Es decir, no se establece una relación con la demanda de la población o la comarca sobre la que se instalan, si no que las únicas variables que operan son, una vez más, las de obtener la mayor rentabilidad privada, independientemente de las repercusiones que estas actividades puedan tener sobre el paisaje local. No se aplica ningún principio de soberanía energética, por el que el municipio o la comarca asume los costes sobre su paisaje que implica satisfacer su propia demanda. Al contrario, se impone una visión residual del paisaje de unos pocos, del nuestro en este caso, para satisfacer una demanda que ni conocemos ni controlamos.

En el caso de Villena, esta relación en lo que se refiere a superficie es realmente escalofriante: sólo la instalación planteada en las inmediaciones de la sierra de Salinas de la que tenemos conocimiento es tres veces y media más grande que el propio núcleo urbano.

Fig 4. Comparativa entre las superficies de la planta Salinas – Cabezos – Santa Eulalia con el núcleo urbano de Villena (elaboración propia)

Es desalentador. En los últimos diez o quince años, en el ámbito autonómico nos hemos dotado de herramientas para que estas cosas no ocurrieran de nuevo. Tenemos a nuestra disposición un sinfín de instrumentos legales para que las intervenciones sobre el territorio se hagan con la mayor delicadeza posible: delimitamos una Infraestructura Verde para proteger los espacios de mayor valor ambiental y cultural; realizamos Estudios de Paisaje (el Ayuntamiento de Villena tiene uno en un cajón desde hace cuatro años); se redactan Estudios de Integración Paisajística (si es usted vecino de la Encina y no quiere cabrearse le recomiendo que no consulte este); Evaluaciones de Impacto Ambiental, etc.

Nada funciona contra el rodillo del desarrollismo: en nombre de la sostenibilidad se están volviendo a cometer las mismas barbaridades contra el territorio que hace poco más de una década, cuando se destrozaba el litoral mediterráneo, o que en el siglo pasado, cuando se anegaban territorios enteros bajo el agua; y todo orquestado por las mismas familias y empresas de entonces. La lucha contra la emergencia climática no debería de basarse en replicar los modelos que nos han llevado hasta aquí, de destrucción de la biodiversidad y de los suelos productivos a manos de los mismos de siempre, sin ni siquiera plantearse alternativas a un sistema energético y económico que, como diría Yayo Herrero, va en contra de la vida.


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